Relación de Pareja y Heridas emocionales

 

Silvia Graciela Moreno López

 Crecer en Plenitud

Coach,  Psicoterapeuta,  Sexóloga.

silviagracielam@gmail,   

 

 

 

 

El encuentro:

  

     Emilio se cimbra cuando a la distancia mira junto a aquella muchacha menudita y de mirada penetrante sentada con Tere, su prima.  Aún sin quererlo el corazón comienza a latir aceleradamente mientras se acerca al lugar. Al encontrarse más de cerca las miradas, los dos retienen la respiración y apenas pueden escuchar a Tere diciendo: Lucia te presento a Emilio, Emilio ella es Lucia.  Más que verse por primera vez aquello parecía un reencuentro… A poco de empezar a salir Lucia y Emilio se hicieron novios y ambos coincidían en que parecía que se conocían de toda la vida, de toda la vida.

 

       Tal vez tú, similar te sucedió; y a poco de conocer tú pareja, incluso cuando se vieron por primera vez te pareció tan familiar, como si la conocieras de toda la vida. ¿Por qué sucede? La respuesta no es tan romántica como nos gustaría.  Sucede que la mayoría de las veces lo que reconocemos no es a la persona en sí misma sino un patrón de conducta, una forma de ser, que efectivamente conocemos “de toda la vida”. En palabras sencillas en esa pareja potencial inconscientemente reconocemos un parecido con mamá o papá.

 

Una pareja como papá o mamá

 

Algunos lo creemos otros no, pero casi todos hemos escuchado: “tendemos a elegir una pareja que se parece a papá o mamá” tal vez tú pienses que a ti no te pasa; pero te invito a que recuerdes personas con las que convives cotidianamente y tal vez lo puedas ver más fácilmente en otros.  Incluso tal vez conoces personas que parecen elegir parejas con un determinado patrón una y otra vez. 

      Recuerdo por ejemplo a una amiga que se quejaba de que su sobrina, a quien habían rescatado de una relación de maltrato, a los pocos meses tenía una nueva pareja que la maltrataba tanto o más que la anterior.  Y casi todos conocemos alguna mujer que se relacionan continuamente con varones alcohólicos. Y por supuesto que los hombres no se eximen de repetir patrones tóxicos y así vemos hombres que constantemente tienen parejas demandantes, irresponsables, conflictivas…      

 

 

      Con frecuencia en la consulta terapéutica escucho decir “es que me tocan puras personas que son...” y yo pregunto ¿Te tocan o eliges? y es natural que para muchos asumir la responsabilidad de la elección de pareja sea difícil porque la elección de pareja es mayormente inconsciente y la hace nuestro niño o niña herid@. 

 

      Pero, antes de continuar explicaremos ¿Qué entendemos por niño o niña herid@? Metafóricamente llamamos niño o niña herida a las cicatrices emocionales que quedan cuando en la infancia sufrimos eventos que nos lastimaron, nos dolieron, nos asustaron o nos enojaron y son como una herida que queda abierta porque no tuvimos oportunidad de expresar lo que en aquel momento necesitamos expresar.

 

 

Significados catastróficos

 

       No necesariamente son eventos que en sí mismos, y ante la mirada de un adulto, sean graves, pero como bien sabemos y esto se aplica doblemente cuando somos pequeños; no importa el evento en sí mismo, sino el significado que le damos. Así por ejemplo si soy una bebita de 1 mes y tengo hambre y mi madre se tarda 5 o 10 minutos porque estaba en el baño eso lo puedo vivir como un abandono. O puedes sentirte no querida si tu mamá no te atiende cuando tú insistes en mostrarle un dibujo, justo en el momento que le avisan la muerte de una amiga.   Incluso un grito fuerte de papá cuando estoy a punto de tocar algo extremadamente caliente… o simplemente si no me compra el juguete que quiero…Todos estos son hechos que pueden dejar una herida infantil porque el significado que como niños le damos a estos eventos pueden ser catastróficos: “no me quiere, no le importo, prefiere a mi hermano…”

 

 

Victimas

 

      Por otro lado, papá y mamá a veces en realidad son injustos, a veces están malhumorados, a veces son violentos, a veces están frustrados o decepcionados...  Y casi todos en mayor o menor medida hemos sido víctimas del mal humor, el miedo o la poca autoestima de nuestros cuidadores. Sin duda la mayoría de ellos nos amaron, y nos dieron lo que había en su corazón, sólo que a veces en los corazones de papá y mamá sólo hay dolor, frustración, ira, miedo…  Cuando el daño es muy profundo y vivimos mucho abandono, maltrato, humillación o traición el dolor puede resultar insoportable y con frecuencia, el niño o niña como una forma de defenderse, reprime sus sentimientos, incluso puede llegar a olvidar los recuerdos traumáticos y justifican e idealizan a quienes lo lastimaron.   No es raro que niños y niñas sometidos a abusos suelen sentirse culpables y “malos” en un afán inconsciente y amoroso de conservar una imagen de un padre “bueno”. Sin embargo, aunque hayamos olvidado los eventos dolorosos y pensemos que nuestra niñez fue feliz, las heridas ocultas de la infancia determinan muchas de nuestras conductas y emociones de adultos. Y como no somos conscientes de todo esto, o somos poco conscientes, con frecuencia no asumimos la responsabilidad en nuestra situación de vida y nos vivimos como víctimas: “tengo mala suerte”, “mis jefes no me quieren”,  “no tengo padres ricos”, “me tocan puros alcohólicos”,  “soy violento porque ella me provoca” y muchas frases más que no hacen sino intentar desconocer la responsabilidad de nuestras acciones.

 

 

Destino o elección

 

      Tenemos una idea sumamente romántica de la relación de pareja y por tanto es común creer que la pareja nos llega del cielo: “matrimonio y mortaja del cielo bajan” no obstante si bien es cierto que muchas veces las formas en que conocemos a nuestras parejas son bastante inusuales, la verdad es que nosotros tenemos ciertas inclinaciones que nos hacen preferir a un tipo especial de personas sobre otras. Solemos pensar que de forma más o menos consciente elegimos nuestra pareja, pero esta elección está determinada, en gran medida, por nuestro niño o niña interno herid@.  Sé que muchas veces cuando escuchamos esto por primera vez nos parece casi increíble y lo negamos.  Yo recuerdo que me resistí a creerlo cuando lo aprendí en mi formación como terapeuta, a pesar de que había manifiestas evidencias en mi propia relación de pareja. Lo fui aceptando a medida que me adentraba en mi preparación profesional. Pero se fue volviendo una convicción contundente en la práctica de mi trabajo profesional acompañado y asesorando parejas.  Me he sorprendido por ejemplo cuando alguna persona me está relatando algún problema con la pareja y de pronto su tono de voz y postura parecen la de un niño, o niña. Otras veces en medio del trabajo terapéutico aparece la imagen de papá y mamá, o incluso algún recuerdo de un evento similar al que está viviendo con la pareja. Esto es tan recurrente en el trabajo terapéutico con parejas que me atrevo a afirmar que de alguna manera a veces confundimos (no es sentido literal) a la pareja con papá o mamá y le cobramos facturas de lo que nuestros padres nos hicieron.

 

 

Repitiendo historias

 

      Sin duda todos hemos escuchado decir que solemos formar cadenas y repetir, de alguna forma lo que vimos en casa.  Y por ello el estilo de pareja que construimos suele ser muy parecido al de papá y mamá.  Por ejemplo es relativamente común darnos cuenta que en algunas familias el alcoholismo o el maltrato, o cualquier otro patrón se ha repetido por varias generaciones y a pesar de que las hijas juraron que nunca se casarían con personas como su padre o que nunca aguantarían como su madre acaban haciendo lo mismo, y muy probablemente lo hagan sus hijas y las hijas de sus hijas.

 

Quizás en este momento estén surgiendo algunas preguntas como:

¿Eso significa que con frecuencia elegimos mal?

¿Esto se puede evitar?

¿Por qué si sufrí eso de chico o chica lo querría volver a sufrir?

¿Qué puedo hacer para no repetir la historia?

¿Cómo puedo romper un patrón?

 

Estas y otras que quizás te estés haciendo, son preguntas que escucho con frecuencia y que espero comentar en la segunda parte de este artículo, sin embargo, quiero adelantarte que hay respuestas muy alentadoras. Por lo pronto diré que usualmente nuestro niñ@ interior elije bien y que la relación de pareja puede ser una relación de mucho crecimiento, pero para ello hay que hacer un trabajo personal de crecimiento en varios aspectos.  Con respecto al tema que nos ocupa diremos que en la medida que podamos ser conscientes de que las heridas del pasado se avivan en nuestra relación de pareja, podremos dejar de cobrar a nuestra pareja lo que nos hicieron nuestros padres o cuidadores (aunque sólo hablé de papá y mamá en este artículo, porque es lo más común, lo mismo, aplica para los abuelos, tíos o quienes haya sido nuestros cuidadores).

 

 

Algo que puede ayudar a esta consciencia y que nos puede ayudar a vivir mejor en todos los aspectos es buscar dentro de nosotros ese niño, esa niña herid@ y hablarle amorosamente, decirle que es importante para nosotros y que la queremos y aceptamos tal y como es. Y aunque parezca ridículo también ayuda mucho que cuando tengamos algún conflicto con la pareja nos digamos en silencio. Este no es tu papá o mamá, y yo ya no soy un/a niñ@.  Por favor no me creas: hazlo y tú verás que funciona.

 

 

 

 

                                              Amar y ser feliz 

 

Una filosofía Humanista 

  

     Todos anhelamos y buscamos ser felices, algunos suelen pensar que ser feliz es cuestión de tener muchas cosas, otros piensan que teniendo mucho conocimiento podrán ser felices, hay quienes van en busca de reconocimiento, de fama, de poder.  Y ¿tú?  ¿En dónde buscas la felicidad?

 

En consonancia con una filosofía humanista consideramos al ser humano como un todo integral, como conjunción de cuerpo, mente emoción y espíritu, reconociendo otros elementos concomitantes  como su entorno físico, cultural y familiar.Valoramos la condición humana, la dignidad de cada persona y creemos en que de alguna manera todos tenemos, en mayor o menor grado la capacidad de auto-conocimiento, autorrealización y desarrollo de ese potencial inherente a cada persona.

 

       

Cuida de tu niñ@ interior... 

Louise Hay

 

 

“Tus padres hicieron lo mejor que podían hacer con el entendimiento y la conciencia que tenían. No podían enseñarte nada que ellos mismos no supieran. Si tus padres no se amaban a sí mismos, no había manera de que te pudieran enseñar cómo amarte.

 

No importa que tu infancia haya sido buena o mala: ahora, quien está a cargo de tu vida eres tú, y sólo tú. Con amor abrazo a mi niño interior. El amor es el borrador más grande que hay, borra incluso las impresiones más profundas, porque el amor cala más hondo que nada.

 

Si las impresiones de tu niñez fueron muy fuertes. Mírate a los ojos y ámate, y ama al niño que llevas dentro. Cuida a tu niño interior. Es él quien está asustado. Es él quien sufre. Es él quien no sabe qué hacer. Ocúpate de tu niño. Abrázalo y ámalo y haz todo lo que puedas por satisfacer sus necesidades. No olvides hacerle saber que, suceda lo que suceda, tú estarás siempre a su lado. Nunca le volverás la espalda ni te escaparás de él. Siempre amarás a ese niño.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La Ciudad de los Pozos 

 

 

                                                                                       Jorge Bucay

 

Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no solo por el lugar en el que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.  La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

 

Un día llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.  Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de cosas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas pos-modernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo.

La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior...

 

Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.  Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad... Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido...

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...

Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: adentro, muy adentro , y muy en el fondo encontró agua!!!.  Nunca antes otro pozo había encontrado agua... El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia fuera.  La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después...  La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar "El Vergel".

Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro. -Ningún milagro- contestaba el Vergel- hay que buscar en el interior, hacia lo profundo... Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse.

 

Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas...  En la otra punta de la ciudad, otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío... Y también empezó a profundizar...  Y también llegó al agua...  Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...  -¿Qué harás cuando se termine el agua?- le preguntaban. -No sé lo que pasará- contestaba- Pero, por ahora, cuánto más agua saco, más agua hay. 

 

 

Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.  Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma...Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.  Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto: La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar...


  

                      VOLVER A LA ESENCIA

 

         Sara, una empresaria de éxito con fama de dura suelta el llanto desconsoladamente cuando su pareja le llama por teléfono: “lo siento amor otra vez se me complicó el trabajo y no podré llegar a tiempo para ir al teatro, lo dejamos para otra vez.” La voz lenta al otro lado del teléfono la había alertado que Antonio había bebido de nuevo…

     En ese momento la postura corporal el llanto y los gestos de la mujer parecen los de una niña pequeña y desvalida… Probablemente muchos años atrás el padre de Sarita la había dejado plantada por estar bebiendo con los amigos. Además de la frustración de no asistir al lugar prometido se añadía la agresión física o verbal del padre al llegar. Esta situación viniendo de una persona que necesitamos que nos ame y nos proteja suele ser devastadora.

 

     Con frecuencia los niños y niñas sometidos a abusos suelen sentirse culpables y “malos” en un afán inconsciente y amoroso de conservar una imagen de un padre “bueno”. También es posible que estos eventos —suelen repetirse— lleguen a olvidarse, pero a pesar del olvido queda la cicatriz emocional la cual se remueve cuando se da un evento similar, insisto, aunque no recordemos el evento original…    Estas cicatrices emocionales conforman lo que metafóricamente llamamos “el niño herido” que indiscutiblemente tiene gran influencia en nuestra vida de adulto, no sólo por nuestra reacción “casi infantil” ante circunstancias concretas; sino que de forma más o menos inconsciente marca muchas de nuestras decisiones trascendentes como elección y convivencia en pareja, nuestra forma de relación con jefes y subalternos en el trabajo y mucho más.

 

       A veces nos auto-saboteamos, nos sentimos tristes y desvalidos, no podemos cambiar un comportamiento a pesar de que nos daña, otras veces no entendemos nuestras propias reacciones desproporcionadas o fuera de lugar, o por qué nos parece que determinados eventos ocurren desde siempre…   Si te sucede algo de lo aquí mencionado, es importante que realices un trabajo para re-conectar y sanar tu niño interior. Aliviar las heridas de la infancia no sólo nos da oportunidad   de reaccionar y vivir con madurez y coherencia, sino que también permite recuperar la creatividad, la espontaneidad, la alegría y la confianza. Estos son atributos naturales en los niños y los vamos perdiendo cuando somos criticados, castigados, o ridiculizados

  

Sanar nuestro niñ@ interior

Para iniciar un proceso de sanación es muy conveniente hablar con nuestr@ niño@, si tenías algún apodo cariñoso que te gustara puedes llamarte así, puedes escribirte cartas o mensajes de apoyo y también ayuda que nos demos un abrazo amoroso a nosotros mismos mientras nos decimos las palabras afectuosas que nos hubiera gustado nos dijeran nuestros cuidadores… Y una última sugerencia sería que te permitas correr bajo la lluvia, especialmente si no te lo permitían y que te compres algo que deseabas de niño@ y no te dieron.

Ese niño/niña que habita dentro de ti te espera y necesita que tú l@ atiendas y mimes, pero sin duda los regalos y bendiciones que recibirás de él o ella son mucho más que los que tú puedas dar.

 

Vuelve tus ojos y tu corazón a ti, a tu esencia.

 

 

EL ELEFANTE ENCADENADO

 

 

 

Es importante tomar conciencias de nuestras creencias limitantes que nos impiden crecer...  Son como cadenas que nos atan y no nos dejan desarrollar todo nuestro potencial.  El siguiente cuento es una metafora estas limitaciones autoimpuestas. 

 

 

Tomado de una idea de Anthony de Mello, modificada por Jorge Bucay.

 

De pequeño me gustaba el circo. Me encantaban los espectáculos con animales y el animal que más me gustaba era el elefante. Me impresionaban sus enormes dimensiones y su fuerza descomunal. Después de la función, al salir de la carpa, me quedaba extrañado al ver el animal atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que le aprisionaba una de las patas. La cadena era gruesa, pero la estaca era un ridículo trozo de madera clavado a pocos centímetros de profundidad. Era evidente que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo también podía tirar de aquel minúsculo tronco y huir.

—¿Por qué no la arranca y se escapa? —pregunté a mis padres.

Me contestaron que era porque estaba amaestrado. La respuesta, sin embargo, no me satisfizo. «Si estaba amaestrado, ¿por qué lo tenían atado?». Pregunté a parientes y maestros y pasó mucho tiempo, mucho, hasta que alguien que resultó ser un sabio me dio una respuesta convincente: «El elefante del circo no se escapa porque está atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño ».

Entonces me imaginé el elefante recién nacido y atado a una estaca. Seguro que el animal tiró y tiró tratando de liberarse. Debía terminar el día agotado porque aquella estaca era más fuerte que él. Al día siguiente debía volver a probar con el mismo resultado y al tercer día igual. Y así hasta que un día terrible para el resto de su vida, el elefante aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Desde entonces, el elefante tenía grabado el recuerdo de su impotencia. Y lo que es peor, nunca más volvió a cuestionarse ese recuerdo y nunca más volvió a poner a prueba su fuerza.

A menudo a las personas nos pasa lo mismo. Vivimos encadenados a estacas que nos quitan libertad. Pensamos que «no podemos» hacer tal cosa o tal otra sencillamente porque un día, hace mucho tiempo, lo intentamos y no lo conseguimos. Entonces nos grabamos en la memoria este mensaje: «no puedo y no podré nunca». Esta creencia autoimpuesta nos ha limitado desde entonces y no la hemos cuestionado más. Seguramente ahora somos más fuertes y estamos más preparados, pero aquel recuerdo nos frena a la hora de intentar liberarnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREVENCIÓN DE DEMANDAS LABORALES

 

 

Las demandas laborales pueden representar pérdidas millonarias para una empresa.  En la mayoría de los casos estas demandas pudieron evitarse.  Es responsabilidad del Gerente o Supervisor no incurrir en situaciones que puedan ocasionar demandas y verificar que los colaboradores sigan las reglas.  

 

Un factor importante es comprobar que existan documentos que validen las acciones y procedimientos que se establecen durante la relación laboral. Estos documentos deben tener consistencia y precisión. 

 

Con frecuencia las demandas prácticamente se originan desde el proceso de reclutamiento y selección del personal. Además de cerciorarse de elegir a los candidatos correctos, resulta fundamental colocarlos en los puestos que mejor se ajusten a sus capacidades, para evitar frustración, pobre desempeño y falta de productividad en empleados que resultarían valiosos en puestos acorde a sus habilidades.


También  puede suceder que en nuestra urgencia de recurso humano pasamos por alto indicadores de situaciones problemáticas, por ejemplo personas muy demandantes, poca permanencia en los trabajos, personas con problemas y demandas en trabajos anteriores.


 

Finalmente debemos tener presente que ningún empleado contento demandará. Por ello es importante desde el inicio, comunicar al personal lo que se espera de ellos, otorgar un trato justo, consistente y razonable.  En la actualidad cada vez son más las empresas que valoran la capacitación en recursos humanos como una oportunidad para desarrollar valores y herramientas personales como un prerrequisito para aplicarlos a la productividad laboral y la Excelencia profesional. 

 

La capacitación personal –la capacitación que le apuesta al desarrollo integral de la persona– es el único camino consistente para lograr la supervivencia y éxito de una empresa. La capacitación va más allá de una obligación para cumplir la disposición legal; bien enfocada, puede ser el mejor medio de enriquecimiento.   

 

Sin duda, la excelencia empresarial sólo se puede conseguir con colaboradores de excelencia. 

 

Silvia Graciela Moreno López.

 Coach y Capacitadora en Recursos Humanos

www.nexxuscapacitacion.com.mx/eventos/

BUSCADORES DE BIEN

 

 

Sabemos que la que violencia, inseguridad e injusticia pululan en este país y en el mundo. Y me  indigna, observar que muchas veces se presentan actos delictivos y delincuentes como ejemplos a imitar… y no hablo solamente de los narco-corridos, sino que, algunas veces en los mismos noticieros y en algunas revistas, la manera como relatan los ‘hechos’ deja entrever un cierto matiz de admiración.    


 Estamos fomentando una cultura de muerte y nuestros jóvenes, incluso algunos adultos, empiezan a ver la violencia, el alcoholismo, la drogadicción el abuso de poder y la corrupción como algo 'normal e  inevitable.' Indudablemente los sucesos violentos y desagradables son una realidad que no podemos negar, pero hablar en exceso de ello, contribuye a que esta realidad se perpetúe, incluso cuando hablemos para condenar. No negamos nuestro clima de inseguridad, corrupción y dolor pero sin lugar a dudas somos más las personas que queremos un mundo de paz y justicia y amor. Unámonos para crear una renovación; elevemos nuestro espíritu, nuestra intención y sobre todo trabajemos juntos aportando lo mejor de nosotros mismos para crear un mundo más humano, más humanitario. Hoy tú, yo y todos los que soñamos un mundo mejor podemos ir haciendo la transformación.    

 
  Transformémonos en buscadores de bien. Descubramos lo mejor de nosotros mismos y de nuestras familiares, empleados, vecinos y actuemos en consecuencia.  Y además de acciones concretas también transformemos nuestro entorno realzando lo bueno y bello que existe. Sabemos que los pensamientos y las palabras tienen un gran poder, y el simple hecho de descubrir y sobre todo de aceptar esa bondad en nosotros y en los demás le hará crecer. Nuestra pareja, hijos, amigos y nosotros mismos somos personas con cualidades y defectos; de nosotros depende lo que queramos ver. Te invito a cerrar tus ojos un momento, evocar a una persona cercana y poner tu atención en las cosas que no te gustan de ella y toma conciencia de cómo te sientes y cómo sería tu saludo si llegara esa persona en este momento. Ahora pon atención en las cosas que te gustan de esa misma persona y date cuenta como te sientes ahora y cómo sería tu saludo si llegara en este momento. Sin duda una gran diferencia.  


   Convirtámonos en buscadores de bien, porque buscar el bien te lleva, aún sin proponértelo, no sólo a encontrar el bien sino a crear más bien. Quizás requieras un poco de práctica, pero si buscas el bien, te resultará cada vez más fácil encontrarlo. Estamos rodeados de milagros y maravillas que por cotidianas no nos lo parecen: el nacimiento de un niño, el diario amanecer, nuestros sentidos que nos permiten escuchar una bella melodía, apreciar aromas, ver colores y formas.  Como milagro también es el hecho de estar en comunión tu y yo, a través de este medio, pretendiendo buscar el bien. 



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